El trauma tras ser abusado por la Iglesia en Portugal: “Venía a mi cama, me tocaba y me preguntaba si había pecado”

elInternacionalista
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Las víctimas de los abusos sexuales en la Iglesia portuguesa crean una asociación para pedir indemnizaciones. Antonio Grosso, uno de sus fundadores, relata las vejaciones que sufrió cuando era niño.

Antonio Grosso recibe a TVE en su casa, ya está jubilado. Casado y con dos hijas, rehízo su vida y superó los traumas que le provocaron los abusos sexuales que sufrió por parte de la Iglesia cuando era pequeño. “Yo lo he superado”, dice, a pesar de que estuvo más de diez años viviendo con miedos. Él fue víctima desde los 10 hasta los 12 años. Como muchos portugueses de familias con muchos hijos y católicas era un orgullo ir al seminario. A él le hacía ilusión estudiar. Así que con solo 10 años le mandaron a un centro religioso en Santarem, cerca de Lisboa.

“Había un tal padre Carlos que era el responsable de los dormitorios donde estaba yo con otros 30 niños. Tenía costumbre de venir a mi cama sobre la una o las dos de la mañana, tocarme y preguntarme si yo había pecado contra la castidad”, nos cuenta.

“Y claro, en qué cabeza cabe esto en un niño. Pero además luego nos amenazaban con el diablo, nos decía que si cometíamos actos impuros teníamos que confesarnos porque estábamos en pecado mortal y si viene el diablo durante la noche y te clava un puñal en tu cuerpo tú mueres y vas directamente para el infierno”, recuerda.

Ese padre era el mismo que todos los domingos daba misa televisada en la iglesia de los mártires del Chiado. Y el mismo que bendecía con esas manos y rezaba oraciones, esas manos y esa boca, “eran las mismas que me tocaban y besaban a mí”, dice.

La comisión independiente creada en Portugal desveló cientos de testimonios y documentos de los archivos diocesanos y sacó a la luz que al menos 5.000 niños habían sufrido abusos desde 1950. Antes de que la comisión hiciera públicas sus conclusiones, Antonio Grosso ya llevaba tiempo buscando un foro para contar su historia.

Maltratos y abusos en la ‘Madre del Cielo’ de Fátima

“De Santarem fui a Fátima, a una casa de acogida donde compartía techo con niños huérfanos”, recuerda. Nos habla del horror que vivieron con un fraile, se llamaba Fray Adelino. “Era un pedófilo sádico, sórdido, completamente irresponsable”, cuenta. Y relata cómo le obligaba a dormir en su cama. “Me hacía tocarle los testículos con la mano que yo detestaba”, se lamenta.

Pero no solo eso, sino que denuncia que también les “maltrataba”. Grosso se emociona al recordar lo que le pasó a uno de los niños que intentó huir de la casa: terminó castigado siete días a estar encerrado en un agujero donde apenas tenía espacio para ponerse de pie.

Según una investigación de la televisión pública portuguesa, esta casa llamada ‘Madre del Cielo’ de Fátima fue declarada por el gobierno de Salazar como promiscua con la orden de sacar a los niños de ahí. Pero a pesar de que la iglesia tuvo conocimiento, no se hizo nada.

Antonio Grosso no ha vuelto a tener relación con la iglesia. La asociación está recién constituida, falta mucho, estatutos, abogados, “pero queremos estar ahí”, dice. Su objetivo es dar apoyo a las víctimas y sus familias, para pedir indemnizaciones y para que no silencie más tanto dolor.

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