Las invisibles del medio rural y la violencia de género

elInternacionalista
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Más de una cuarta parte de las víctimas de violencia machista viven en el medio rural. Se enfrentan a dificultades añadidas como la vinculación laboral con sus agresores. ‘Violencia de género en el medio rural’ de Objetivo Igualdad, hoy a las 11:00 (La2) y domingo a las 14.25h en el Canal 24H.

Más de la cuarta parte de las mujeres asesinadas en 2022 por sus parejas o exparejas vivían en poblaciones de menos de 4.000 habitantes.

La falta de anonimato, de recursos o de independencia económica son trabas añadidas para las mujeres que sufren violencia de género en el medio rural.

Esto explica por qué las mujeres que viven en poblaciones pequeñas tardan de media más del doble de tiempo en denunciar a los maltratadores que las que viven en núcleos urbanos.

Falta de anonimato

Eva Afonso sufrió maltrato psicológico durante años. Cuenta que muchas veces pensó en denunciar, incluso un día llegó a bajar las escaleras de su casa rumbo al cuartel de la Guardia Civil. Pero al ver que el bar de al lado estaba lleno de conocidos del pueblo, decidió volver sobre sus pasos.

La falta de anonimato es una de las grandes dificultades que encuentran las mujeres a la hora de denunciar en el medio rural. “No se cuenta, no se habla de ello, se vive con mucha más vergüenza y culpa”, nos explica Sofía Gabasa de FADEMUR.

“Se vive con mucha más vergüenza y culpa”“

El teniente Daniel Moreno, jefe del Equipo de Mujer-Menor de la Guardia Civil, nos explica otros problemas con los que se encuentran: “Muchas veces los compañeros que trabajan en el puesto pueden ser conocidos o familiares del presunto agresor y la víctima, en ocasiones, no se siente cómoda dando el paso de denunciar”.

Centralización de recursos

Eva denunció tras recibir una brutal paliza. Ella vive en O Grove, Pontevedra, y a pesar de que podía acceder a ciertos recursos allí mismo, siempre elegía ir a poblaciones cercanas donde no la conocieran. No siempre se desplazan por decisión propia, la centralización de los recursos hace que muchas mujeres no puedan acceder a ellos con facilidad.

Mariña Valera es abogada y directora de Centro de Información de la Mujer en Cambados, donde dan asistencia psicológica y asesoramiento jurídico. Dan servicio a varios municipios y se encontraron con que muchas mujeres, al no tener vehículo propio, quedaban a expensas de una red de transportes pública con muchas limitaciones. “La voluntad era poder llegar a cada una de las víctimas. Las técnicas nos trasladamos y rotamos por los cinco ayuntamientos para prestarles asesoramiento”, nos explica Valera.

Lentitud de los procesos

A pesar de contar con una orden de alejamiento, meses después de la primera denuncia la expareja de Eva logró colarse en su domicilio e intentó matarla. Ocurrió en diciembre de 2018 y a día de hoy sigue a la espera de juicio.

“Los trámites judiciales son muy lentos y tardan a veces años. Tampoco hay mucha coordinación entre recursos”, nos explica Sofía Gabasa.

Al demorarse tanto el proceso, el agresor de Eva salió de la prisión preventiva en 2020. Nos cuenta que fue una de las peores noticias que ha podido recibir: “Desde entonces, la que está en la cárcel soy yo”.

Poca cobertura y falsas alertas

‘Cometa’ es el sistema de seguimiento telemático para víctimas y agresores. Eva se siente protegida, pero confiesa que psicológicamente es devastador. Cada vez que el dispositivo de su expareja se queda sin batería o cuando él se salta alguna de las limitaciones de movilidad que tiene impuestas, se ponen en contacto con Eva.

Además, denuncia que ‘Cometa’ no funciona cuando no hay cobertura, algo que ocurre de forma habitual en el medio rural.

Vinculaciones con el agresor

El 56,52% de las víctimas del medio rural ha sufrido violencia económica. En este entorno muchas mujeres comparten el negocio o trabajan en una explotación agroganadera con sus parejas y esto también dificulta que den el paso de denunciar: de media tardan 20 años.

Mariña Valera nos cuenta que, en algunas ocasiones, han asistido a mujeres que no querían denunciar para no quedarse sin la ayuda de su agresor en el trabajo. Nos explica otro hándicap para estas mujeres: “Las casas están construidas en terrenos, muchas veces, de la familia política”. Cuenta que cuando algunos juzgados permiten que estas mujeres se queden en sus casas, los exsuegros denuncian para recuperar su propiedad.

Reinserción laboral

Emaktiva es un programa que busca ayudar a mujeres en situación de vulnerabilidad a incorporarse al mercado laboral.

Eneritz Angulo, una de sus responsables, nos cuenta que es importante dar un servicio especializado a las víctimas de violencia machista: “Necesitan que les recordemos que son buenas profesionales y que tienen posibilidades. Hay que trabajar su autoestima”.

Defiende que es crucial la implicación de las empresas en esta lucha y que lo hagan también en el medio rural para que estas mujeres no se vean en la obligación de desplazarse.

Los cursos formativos los dan en el centro de Bilbao y reconoce que no les llegan tantas mujeres del entorno rural como les gustaría. Por eso han decidido descentralizar el programa en los próximos meses para acercarse a ellas.

RTVE

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